Matriarcado y Patriarcado

MATRIARCADO Y PATRIARCADO


MATRIARCADO

   Las diversas formas de unión sexual, desde el régimen de la promiscuidad hasta el libre contrato por consentimiento mutuo, no serían comprendidos si se olvidase que en el matrimonio el hijo es el tercer término de la trinidad familiar; él es quien, en el conjunto social, tuvo la parte de acción más importante, el que modeló el hombre á su imagen, el que dió su cohesión primera al grupo de individuos de ambos sexos que vivían á la aventura, lo mismo que más tarde dió su razón de ser á la familia monogámica.   Sin la influencia preponderante del hijo no podría  explicarse el período del matriarcado, cuya existencia era aún ignorada hasta no hace mucho tiempo y que tantos documentos recientemente estudiados y tantos hechos de observación pruebas haber prevalecido durante muchos siglos en gran número de pueblos. Algunos autores hasta han querido establecer que la humanidad entera, en una evolución primitiva, habría pasado por esta fase: el gobierno de las madres; pero lo que hace mas que dudosa esta hipótesis es que no se encuentra la institución del matriarcado entre los pueblos primitivos muy inferiores, tales como las tribus más atrasadas del Brasil y los indios de la costa californiana, y para buscar las formas de la familia matriarcal hay que dirigirse á grupos étnicos que tengan tras de sí un largo pasado de civilización. El estado más bárbaro de la sociedad es aquel en que el hombre domina, no por ser el padre, sino porque es el más fuerte, el que aporta la mayor cantidad de alimento y reparte los golpes, sea á los enemigos, sea á los débiles de la horda. Por lo demás, los hijos pueden dejarse á la madre, para que conserve su carga y dirección, sin que el padre se crea obligado a respetarla y tratarla como igual: ella es generadora, nodriza, sirviente; pero él resulta el dueño absoluto.
El matriarcado propiamente dicho implica ya cierto refinamiento de costumbres, es muy superior a las edades de la fuerza bruta y de la promiscuidad, si existieron alguna vez, del mismo modo que el período de la propiedad poseída en común por todos los derechos-habitantes de un grupo familiar. Aun en la época en que la horda arrastraba consigo todo el rebaño de los hijos, éstos se agruparían naturalmente detrás de su generadora, contribuyendo así a darle poco a poco la dirección de la familia, que circunstancias felices desarrollarían en poder social y hasta político. Siendo desconocido el padre, o al menos no tenido en cuenta como un ser aventurero, la madre reunía alrededor de su hogar aquellos a quienes había criado y adiestrados para la vida.
La maternidad se desarrollaba así en medio de la barbarie primitiva y daba el primer impulso a la civilización futura. Sobre las cosas de la América meridional,  donde los lazos de la familia se hallan muy relajados para la mayor parte de los hombres y donde prevalece una semi promiscuidad, el matriarcado se organiza naturalmente.
   Quedando fuera de duda la influencia capital del hijo sobre la constitución del matriarcado, es cierto que la acción del medio geográfico ha de haber tenido también alguna parte en esta evolución social. Así es que en los países donde el principal medio de encontrar el alimento consistía en recoger los frutos y en rebuscar las raíces, las mujeres, a quienes sus funciones de madres y de nodrizas indicaban desde luego para ocupar el primer lugar, tenían además otras probabilidades en su favor como dispensadoras de la vida material. Esas probabilidades aumentaban todavía en las regiones poco amenazadas por la guerra, donde el hombre no se elevaba repentinamente al primer lugar en calidad de defensor o de conquistador. Sin embargo, no es cierto que la misma guerra haya dado siempre la supremacía a los hombres, porque la leyenda relativa a las amazonas, en el Antiguo y en el Nuevo Mundo, es harto general para que no admita el hecho de una antigua dominación política de tribus guerreras mandadas por mujeres. Por lo demás, no se trata sólo de leyenda; los ejemplos de mujeres que fueron verdaderos jefes no faltan en la historia.
PATRIARCADO
El poder maternal no impide de ningún modo la brutalidad del marido: no hay en esto, por decirlo, así, más que simplificación del trabajo en el gobierno de la familia. De ese modo, en los Orang-Lauts, que habitaban la península de Malacca, los hijos pertenecen a la madre sola, lo que es verdaderamente el régimen del matriarcado, y, sin embargo, la mujer lleva una existencia desgraciadísima: el marido le pega y no le permite comer en su presencia.
También en Bearn, lo mismo que en el Japón, el marido de una heredera, la mayor de los hijos, va a vivir a la casa de ella y de la misma recibe el nombre, que es á la vez el de la tierra y que se convierte en el de toda su familia: podría concluirse de esto una existencia de un verdadero matriarcado; pero el marido, cualquiera que sea la diferencia hacia la herencia que le da fortuna y nombre, no solo deja de ser el jefe, el dueño positivo.
   La poliandria es una forma de unión que deriva naturalmente del matriarcado. En la unión del hombre y de la mujer, los dos elementos tienden a mantener a pesar de todo su personalidad y por consecuencia a predominar según que el uno o el otro se halle favorecido por el medio. Pues la mujer, dueña absoluta de sus hijos, subordinando el hombre a su poder y siendo su voluntad única en la familia, no tenía que compartir una opinión hostil, tomando sucesivamente, o a la vez, varios favoritos: como reina, no tenía más que escoger; pero siendo su corazón voluntariamente fiel conservador de las primera impresiones, aun en plena poliandria, solía tomar la costumbre de conservar la cohesión familiar, dándose por esposos comunes todos los hijos de una misma madre. Tal era la forma de matrimonio que prevalecía antiguamente en el Tíbet, -el país de los Bods-  y en todas las poblaciones del mismo origen.
La poliginia es, en el patriarcado, la institución correspondiente a la de la poliandria en el matriarcado. Sin embargo, no siempre es absoluto el contraste entre los dos tipos de matrimonio que caracterizan la dominación de las madres y la de los padres, y así, el ejemplo que los autores se complacen en citar como testimonio del antiguo matriarcado indica, no obstante, la transición entre los dos sistemas: Draupadi, la esposa de los cinco hijos de Pandu, es la “reina”, no la dueña de la familia; a pesar de haberse dado varios maridos, no ha conservado el gobierno de la casa, sino que obedece. La forma patriarcal se mezcla, pues en este caso particular, a la forma matriarcal.

BIBLIOGRAFIA

http://www.staffcatholic.net/archivos/lexicon/patriarcadoymatriarcado.pdf

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