Antecedentes históricos de la Teoría de Genero
La equidad de género en las primeras
sociedades prehistóricas
El estudio de
la historia humana reafirma que somos seres sociales y que la sociedad decide
sus formas propias de organización a través de las tradiciones culturales; de allí
que existan diferencias en las teorías que intentan explicar estas formas de estructuración
social y familiar de los primeros seres humanos.
Desde tiempos
prehistóricos se identifican diferencias entre los hombres y las mujeres, no
solo físicas sino de género, que determinaban la supremacía y el poder que ejercía
un sexo sobre el otro. Para algunos investigadores y pensadores (Engels y Marx,
1846; Fontenla, 2008; Martínez, 2003; Sánchez, 2007; Soler, 2006), en tiempos prehistóricos
a las mujeres se les vínculo con el espacio del hábitat; consideradas como acompañantes
y objetos sexuales, cuyo papel principal era la reproducción. El status que se ofrecía
a los hombres no era el mismo que a las mujeres, a ellos se les otorgaba el derecho
de mandar, basándose en una supuesta superioridad biológica y social. En este sentido,
Frappant (2008) sostiene que la organización social de los primeros homínidos estaba
formada por un macho dominante que gobernaba el destino de los otros machos del
clan y la copula con hembras era decisión suya.
En todas las
sociedades ha existido una división del trabajo por sexos (Engels y Marx, 1846).
Esta separación no implica que un grupo realice tareas menos importantes que el
otro, sino que es una estrategia social para la explotación de los recursos.
Algunas teorías apuntan a que en este periodo histórico fue fundamental la
vinculación de las mujeres con el trabajo de cuidado de los hijos/as, ya que
estos requieren una atención constante durante los primeros años de vida. En
las sociedades prehistóricas la lactancia de los infantes era un recurso
fundamental, esto vinculo a las mujeres a las actividades de mantenimiento y al
espacio doméstico, sin que significara necesariamente desigualdad o
subordinación.
El papel
activo que desempeño la mujer en todos los ámbitos de la vida, no solo en lo
domestico, nos hace reflexionar sobre la veracidad de ideas prevalecientes
acerca de que solo los hombres se dedicaban a la caza y a otras actividades que
requerían de fuerza mayor (Martínez, 2003). Desde el siglo XIX, las
investigaciones sobre la prehistoria desarrolladas en Europa han proporcionado
un conocimiento exhaustivo de los modos de vida de las sociedades del pasado.
Según la arqueóloga Begona Soler (2006), es fácil comprobar como la presencia
de la mujer en la mayor parte de los textos y en las imágenes de exposiciones
divulgativas es casi nula: por lo general aparece el hombre prehistórico, el
neutro masculino, como protagonista.
Edad moderna (siglos xv al xviii)
En la Edad
Moderna se presentan grandes inventos y progresos tecnológicos en la
comunicación; las fuerzas económicas y sociales se ven fortalecidas, surge el
capitalismo y la burguesía, acompañadas de nuevas entidades políticas que
promovieron la consolidación de naciones y estados. Los cambios bruscos,
violentos y decisivos hicieron de esta una época de reformas, descubrimientos y
revoluciones a escala mundial. Algunos
de los
cambios más importantes se deben a la apertura de las rutas oceánicas, a la
revolución científica, la ilustración, la revolución industrial, burguesa y
liberal, que en su conjunto dieron pie a la revolución francesa y las luchas de
independencia en América.
El humanista
Juan Luis Vives (1492-1540), uno de los pedagogos más importantes del siglo
xvi, publico en 1523 y 1528 dos textos: La formación de la mujer cristiana y
Los deberes del marido. En el primero describió una doctrina de la
educación femenina dirigida a doncellas, mujeres casadas y viudas; estableció
ideas, preceptos, costumbres y normas que, según el, toda mujer cristiana desde
el momento del nacimiento debía seguir (Beltrán, 1994). Este se considera el
primer tratado sistemático sobre la condición Femenina; despertó un inusitado
interés por el tema e influyo fuertemente en el ejercicio de los educadores de
la época, marcando pautas notables y significativas en muchos escritores
posteriores.
Edad Contemporánea (desde finales del siglo XVIII hasta el presente)
Después de la Revolución Francesa
La escritora
francesa Olimpia De Gouges (1745-1793), es considerada también una de las
precursoras del feminismo; fue fundadora de la Sociedad Popular de las Mujeres en
1791, y precursora de la Declaración
de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en
1789, en respuesta a la Declaración
de los Derechos del Hombre y el Ciudadano propuesta en
la revolución francesa. Este documento reconoce y declara los derechos de las
mujeres y es considerado uno de los discursos más brillantes y radicales en
favor de las reivindicaciones Femeninas. De Gouges reclamo un trato igualitario
de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y
privados, entre estos el derecho al voto, a ejercer cargos en el gobierno, a
hablar en público sobre asuntos políticos, a la propiedad privada, a la
participación en el ejército, a tener igualdad de poder en la familia y en la
iglesia, así como a
la educación (Puleo, 1993).
El sistema político que triunfo en muchas
sociedades del mundo durante el siglo XVIII, fue el constitucionalismo burgués.
Este sistema fue apareciendo después del periodo ilustrado y tenía dentro de
sus premisas la exclusión de las mujeres del ámbito publico bajo el argumento
de supuestas aptitudes y carencias naturales, es decir, continuaban las ideas
que sostenían que la mujer carecía de los atributos masculinos identificados con
la racionalidad, inteligencia, capacidad de juicio y la competitividad (Nash,
2004)
El feminismo en Inglaterra y en los Estados Unidos de
América
A inicios del
siglo XIX, se empieza a evidenciar en Estados Unidos el trabajo de varias mujeres
feministas, entre ellas la profesora Lucretia Coffin Mott (1793-1870), que se inspiró
en la defensa de sus derechos al descubrir que sus compañeros profesores recibían
el doble de sueldo que ellas. En 1848, junto a Elizabeth Cady Stanton
(1815-1902), organizo la Primera
Asamblea en Defensa de los Derechos de la Mujer en
Nueva York; para este evento Stanton redacto la Declaración de Seneca Falls, conocida
como la Declaración
de Sentimientos, en la que propuso una resolución que exigía
el derecho al voto para las mujeres.
El discurso sobre la igualdad no era importante
en las políticas impuestas durante la época del constitucionalismo burgués, que
legitimaba la idea sobre las diferencias físicas y biologicistas que generaban
la división sexual del trabajo, su jerarquización y la consecuente
discriminación; sin embargo, las autoridades sostenían que los hombres y las
mujeres tenían los mismos derechos naturales, situación que creo controversias
por las contradicciones políticas que facilitaron el surgimiento del movimiento
feminista a inicios del siglo XIX. La exclusión de la mujer restaba solidez y
coherencia al discurso filosófico y político que promovía el constitucionalismo
burgués y evidenciaba otro discurso mucho más solido que decía que la igualdad
no surgía como un mecanismo natural, sino más bien construido socialmente
(Rodríguez, 2007).
Bibliografia

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